14 de octubre de 2007

Oloron Sainte-Marie y Vallée d'Aspe. Haute Béarn, Pirineos



Este fin de semana largo lo hemos dedicado a conocer algo más a nuestros vecinos franceses. Concretamente, una pequeña ciudad situada en el Bearn. Más concretamente en el Alto Bearn, muy cerca de Zuberoa (Xiberoa), de los Valles pirenaicos de Baretous, Aspe y Ossau. Pero aun puedo ser más repipi y escribir que pertenece a la zona “64” de Aquitania y a los Pirineos Atlánticos.
Se trata de Oloron St. Marie (se pronuncia “Ologón Sant Magí”, con la “t” bien marcada). Muchas veces he pasado con Alberto y/o Aiert camino al valle de Aspe, e incluso con Beatriz, aquella vez que fuimos a Lescun.
  
La idea de salir este finde fue de ella, y la de pasarlo en OSM fue mía. Como casi siempre, me he documentado a conciencia para que no se me escapara detalle importante alguno. Elegimos para alojarnos una Casa (Chambre d’Hôtes) llamada L’Amphytrion, que me dio buena impresión a través de su web site. Situada en la encantadora Plaza da Saint Croix, en lo alto de la zona medieval, muy cerca de la Torre Gréde y la Iglesia del mismo nombre (s.XII), se trata de una bella construcción (como todas las de la plaza y las de la ciudad, en realidad) a la que se accede a través de un pequeño jardín (tiene una zona verde detrás mucho más amplia, donde comen en verano). Se aparca con facilidad, es una zona tranquila.
  
La familia propietaria de la casa y el negocio es simpática, sobre todo correcta y acogedora. El padre es Patrick, la madre Corinne, el hijo de unos 12-13 años (pegado a la tele), y la hija, en plena adolescencia, sería capaz de decirnos, según su padre, “que pasaramos a la casa por la ventana” sin problema ninguno.
Las estancias son también acogedoras y con una decoración cuidada. El salón es amplio, con unos sillones rojos cúbicos y estructura de forja, se distribuyen en torno a la TV. Un piano con la tapa superior lleno de folletos y tríticos turísticos, y una mesita junto a él con artículos de artesanía (boina y joyería). Pasado un tabique y previamente a la entrada a la cocina-comedor, se encuentra la pequeña oficina de Corinne, que parece que se ocupa más del papeleo (reservas, teléfono, facturas, …). La cocina dispone de una barra americana que separa la cocina y el comedor. El desayuno está incluído en el precio, y la cena se suele hacer junto con los dueños (lo que llaman Table d’Hôte). En nuestro caso, cenamos el viernes, ya que el sábado ha sido la semi-final de la Copa del Mundo de Rugby entre Francia e inglaterra, y ambas actividades (cocina y visionado del match) eran incompatibles. Nosotros degustamos una suerte de ensalda de cous-cous, muy bien condimentada, y una cazuela de barro con pollo con pimientos. De postre hubo un essaye de gateâu-basque y café, y no quiero olvidarme que de aperitivo nos sacaron un vino blanco sin fermentar (“de primera presión”) de Jurançon, así como un plato de castañas asadas.
  
evocación del famoso "Jean-Pierre"
  
La casa está decorada en muchas de sus paredes con fotos de montañas del Valle de Aspe: Prados de montaña, rebaños, zorros en el bosque, evocaciones… El carácter montañés marca a la gente y a la cultura de la ciudad.
 
Nuestra habitación, llamada “Patrimoine”, se compone de una estancia principal por una cama de matrimonio, un armario, una silla de diseño y una mesa escritorio, y otra estancia tipo corredor, que da al baño, y también con el piso de madera. Dispone así mismo de una cama doble. La decoración sigue aquí tan bien cuidada como en el resto de la casa.
  
En cuanto a las actividades turísticas, paso a esquematizar las visitas efectuadas:
Viernes 12. Hôpital Saint Blaise (Haranbeltza, Zuberoa). Se trata de una hermosa y robustísima iglesia románica con algunos toques mozárabes, del siglo XII. Se encuentra muy cerca de la ruta Salies de Bearn-Oloron. Su origen se encuentra ligado al Camino de Santiago. Se encuentra bastante publicitada en la zona, cuenta con su propia web, y por tres euros una grabación y un sistema de luces se ponen en marcha en tu propio idioma. Frente a ella hay un restaurante y en el parking hay un baño público.
  
Oloron Sainte Marie. Nos alojamos en L’Amphtrion. Bajamos a tomar contacto con el pueblo, que por cierto tiene una distribución curiosa. Parte de la culpa creo que la tiene el hecho que haya dos ríos que lo atraviesan y que confluyen en él. Hay varios puentes y hasta una pasarela peatonal. Abundan las estatuas, bustos de hombres insignes, también esculturas modernas. Visitamos la Oficina de Turismo, y nos montamos en un vagón del tren que recorre este “Alto Bearn”.
  
Merendamos en un parque frente al río (Gave d’Aspe), y vamos después seguimos escuchando las explicaciones aquí y allá de los puestos que a tal fin están diseminados por la ciudad, y para lo que en la Oficina venden unos brazaletes que se programan por ordenador y se activan en cada puesto (son como periscopios que salen del suelo).
Iglesia de Notre Dame. Paseo Bellevue, Iglesia de Sainte Coix. Plaza de S.Croix. Cena.
Sábado 13. Bajamos a la Plaza Mendiondou pasando junto a la Torre de Gréde. Puente de Eiffell. Bajamos al río a ver la “confluence” entre los “Gaves” de Aspe y Ossau. Visita al museíto y tienda de “Los maestros chocolateros” Lindt & Sprungli. Salimos con 35 € menos en los bolsillos. Seguimos hacia la zona de la catedral Sainte Marie (declarada Patrimonio de la UNESCO), también tremendamente robusta, y con un pórtico románico muy bien preservado, espectacular. Por su parte, los niños hacen su labor de desgaste a la hora de la comida, a modo de un picador en una corrida de toros.
  
Seguimos paseando hasta el centro (Oficina de Turismo), y la logística de siestas etc. nos condujo a no comer allí sino que fui a por el coche a la PSC, y mientra yo conducía hacia el valle de Ossau, admirando el macizo de Gourette nevado, Bea y los niños echaban la siesta. Paro en un área de pique-nique, pasado Buzy, donde me dejan comerme el bocata de jamón y el yogur “de los Prineos” a la myrtille tranquilo. Las lolis se despiertan al rato, y tras acabar de comer paseamos hasta el dólmen que se encuentra en un extremo del parque, por cierto frente a dos deliciosas casa de campo. Seguimos la ruta, dando la vuelta a la altura de Arudy, para volver por la Route de Bager, a la que da mombre el bosque del mismo nombre. Patrick nos preguntó a la noche si habíamos recolectado champiñones.
  
Tras la cena en la créperie de la Plaza S.C., y ayudar un poco con los niños, bajo al salón a ver con Patrick y su hijo el match Francia-Inglaterra, que finalmente acabaría perdiendo el equipo anfitrión. La noche fue buena, a excepción de un rato de llorera de Aimar.
 
Domingo 14. Desayunamos, nos preparamos y nos despedimos. Corinne nos prepara una factura como Dios manda, y hasta nos la explica línea a línea. Un punto muy profesional que se agradece. Nos proponen ir al tren de artouste, y acabamos aceptando la idea. La méteo es excelente y la idea apetece, sin embargo el recorrido del tren se desarrolla por terrenos de Alta Montaña y cierran la sesión el 30 de septiembre.
Así pues, mantenemos el plan inicial de retornar hacia Donosti por el valle de Aspe, parando en Borce, bonito pueblo que conserva su carácter medieval. Cualquier lugar del valle serviría de telón de fondo, el día de otoño es para gozarlo a tope. Tras visitar Borce y dar de comer a los niños y dejar que jueguen en su parque infantil, bajamos al vecino Etsaut. Desde arriba he fichado un pradito con mesas junto al río, que utilizamos para la comida “senior”, que se compone básicamente de la alimentación básica universal, esto es: Bocadillo de jamón serrano. Perdón, el jamón ya se había acabado: Bocadillo de queso. Me cepillo el último yogur casero, y pasamos por el bareto de la plaza a tomar un intento de café cortado. Junto a la puerta de acceso, un grupo de españoles se ríen escandalosamente de uno de su grupo que ha soltado un desganado “merci” cuando debía haber dicho “monsieur”. Beatriz apunta, con su ojo que todo lo ve, que había dos que eran hermanos porque comían igual como dos cerditos.
 
Antes de pasar al “lado soleado” de la cadena (en un día como hoy eso no tiene sentido), paro a sacar un par de fotos del Aspe y de la zona de Forges d’Abel. El túnel de Somport sigue teniendo ocho kilómetros, lo mismo que el mes anterior. parece que el “Cambio Climático” no ha hecho aumentar ni disminuir su tamaño.
El viaje lo hacen dormidos, incluída Beatriz, hasta Noain, donde paramnos a merendar en el “Parque de los Sentidos”, un experimento en el que todas las plantas son tratadas con técnicas biólogicas, sin la utilización de productos químicos.
  
El retorno hasta casa sin mayores novedades (exceptuando una retención de unos dos kms. a la entrada de la A15 a la N1. Nos saluda Imanol, que viene con Iñigo de pasar el finde en Tobera.

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