9 de agosto de 1998

Grande Fache 3005 vía normal Cresta Norte. Vallée de Marcadau-Cauterets, Pirineos

   Garbi en la cresta de La Facha: Recuerdos borrosos, pasados, pero siempre a colores
  
Tiempo 1º día 2h15; 2º día 9h15. Recorrido: Desde el gran Parking de Pont D’Espagne, (hay que chojar, by the way) seguimos el sendero del bosque y las cascadas para adentrarnos en el valle de Marcadau, vecino del de Gaube. El camino se eleva suavemente por el bosque y cercano al torrente hasta unas praderas preciosas (refugio y zonas de vivac). Para la ascensión, seguir el cómodo sendero del Col de la Fache, que sin cambios bruscos de desnivel nos pone al pie de la cresta de la normal del pico. Trepar siguiendo los hitos, por sendero, canalillos, cresta, hasta la cima (algún paso de II-). Descenso por el mismo itinerario.

Comentario: Para Garbi, Paulo y Enzo era el primer 3000, un buen punto de motivación para pasar un bonito fin de semana montañero con la cuadrilla. Según recomendación de Alberto opté por este objetivo (entorno de alta montaña, bonito lugar de vivac, dificultad accesible).

Cargamos en la aproximación con la tienda grande, la de Jurgi, y todo para que al final sólo la señorita Gammiñe durmiera en ella (encima quería una mosquitera la muy doña).

Los demás hicimos vivac a pelo, en el saco. Yo se que, aunque nunca lo reconozca, Enzo pasó frío. Su saco y el papel con el que se hace Jorge las trompetillas son absolutamente indiferenciables.

De todas formas, y ya que hablamos de caracartón, no dejaré de mencionar mi asombro/admiración al ver lo que este hombre se sube a un 3000: Su mochila de cuando aun comía bocadillos de chorizo, su saco de pluma de gallina anoréxica y a lo mejor un jersey de “Pull&Bear” o de “Coronel Tapioca”. Me fascina verlo trotar con el macuto, netamente escorado, cubriéndole los riñones. Cómo se nota que no ve revistas de montaña ni “Al filo de lo Imposible”. Él me dice que tengo más accesorios que la Barbie, pero es que él es un baldarras de cuidado, “más abandonado que un gregario del Polti en el Alpe d’Huez”.

Con Amaia, Jorge y Paulo sí que se puede contar. No dan ningún problema, tienen buenas botas y predisposición al “sufrimiento”, como debe ser. Si yo voy, agarro y digo: “por allí”, aunque ellos vean claro que la estoy cagando, ellos me acompañarán hasta el fondo del precipicio. Eso son amigos.

¡Ay por favor, pero no como Garbiñe!. ¡Iña esto, Iña lo otro!. “¿Cuál es el monte?”, unas 12 veces me lo repitió tú; “Llévame tú esto”: unas 5 veces. “Cuántos mosquitos, Ignas”: 9 veces. “Acércame la mochila, úntame el queso, ¿cómo decías que se llamaba el monte?”, “me estáis poniendo negra”, “me tenía que haber quedado en Donosti de farra”, y otras lindezas que mi memoria, en buen empeño, ha borrado ya de la mente.

Pero bueno, al final subimos todos, incluido medio queso de Idiazabal. Y bajamos, y aquí estamos. Cuando queráis hacemos otra.

Donostia, 16/2/99.