27 de diciembre de 1992

Mendibel-Xardeka-Artanolatze-Eskaliers cresta integral. Irati, Pirineos

relato de la salida de Eskaliers
Debería buscar en mis archivos de diapos esa foto de la norte del Ori, nevada y helada, alzándose enorme, majestuoso, sobre Irati. Qué imponente visión.
Una visión divina, en contraste con otra mucho más mundana: El patizazo y subsiguiente mítico leñazo de Amaia en el descenso de Artanolatze.

22 de diciembre de 1992

Gorbeia 1475 travesía Itxina-Gorbeia. PN Gorbeia, Montaña Vasca


impresionante el croquis de la ruta, mucho antes del Google Earth
Esta salida fue muy guapa. Eran años en los que Enzo estudiaba en Sarriko, y vivía en un barrio obrero cercano, al que se podía acceder mediante un ascensor y que está todo en cuesta.
En la cima de Gorbeia, el tiempo se detuvo: El mar de nubes cubría Gasteiz y La Llanada, mientras un rebaño de ovejas cruzaba las campas.

20 de diciembre de 1992

Artzamendi-Itsusiko Harriak-Iguzkimendi. Lapurdi, Pirineos

La foto de Angulo de un atardecer sobre el Irubelakaskoa, visto desde Itsusiko Harriak, me ha resultado siempre entrañable y fascinante.
En esta ocasión, y en buena compañía, hicimos una circular muy sencilla y bella.
Asomarse, ya digo, sobre los farallones de Itsusi sobre la confluencia de los ignotos barrancos de Aritzakun y Urritzate, y frente a la esbelta pirámide del Irubela, es un must e la Montaña Vasca.

6 de diciembre de 1992

Gorramendi-Gorramakil-Alkaxuri-Iparla en travesía Erratzu-Bidarray-Erratzu. Valles Baztan-Urritzate, Pirineos


Si yo estuviera escribiendo esta entrada en el blog en la fecha que indico, y no un 29 de noviembre de 2008, a las once y media de la noche, seguramente estaría oyendo zumbar de lo lindo el viento fuera del gîte. Estaría cansado, pero henchido de montaña y compañerismo.
Habría caminado, con mi hermano y un par de buenos amigos, hace un par de horas con la luna llena sobre nosotros.
Habría vadeado el río de Urritzate descalzo, tras destrepar el Alkaxuri por una vertiente salvaje. Todavía tendría viva la presencia de los ancianos que nos abrieron la puerta, sorprendidos (supongo) por nuestra pregunta de si aquello era algo así como un albergue...
Tendría aun el buen sabor de boca que deja, además, al cruzarte en el camino con una persona absolutamente desconocida que te hace un favor, como fue bajarnos en coche, en plena noche, hasta Bidarray.
Y tengo, a día de hoy, todos estos recuerdos, y hasta otro más, que extrañamente me hace recordar esta impagable travesía cuando escucho una canción en particular del disco Symbol de Prince, o viceversa (!)